miércoles, 10 de agosto de 2016

BALANCÍN: Detalles




Algunos autores clásicos  (ANDRADA, BAUCHER, STEINBRECHT, DECARPENTRY, OLIVEIRA, etc) insisten en la importancia que hay que darles a muchos detalles –prácticamente sin especificar- en Equitación. Para ellos, como para mucho caballista actual, lo que para el jinete es un detalle hoy ya sabemos que para el caballo puede ser una cuestión importante. En mecánica, sobre un mismo hecho o momento, hay una gran diferencia de percepción de sensaciones entre la masa transportada –en nuestro caso el caballista- y la masa transportadora, el caballo. Es un detalle para nosotros –al que no se le suele dar mayor importancia-, cuando realmente es un problema  para el caballo. Y es el caballista quien debe afrontarlo y resolverlo.
 Sobre algunos de estos detalles referentes al balancín cabeza/cuello del caballo es de lo que voy a  dar mi versión aquí.   
Empezando por las transiciones decrecientes
¿Frena, para, gira igual un caballo montado que en libertad? En absoluto (es lo que creo que pensamos todos). ¿Y por qué?
Para entenderlo creo que el mejor ejemplo, por el que hemos pasado muchos, es nuestra propia experiencia de cuando empezamos a patinar: sensación de pérdida de equilibrio por falta de control de nuestros pies, que van sobre patines. Al principio, como es casi imposible mantener ni siquiera un pie debajo del culo, nos agarramos de la barandilla –o de alguien-, para no caernos. Cuando ya conseguimos un mínimo control de nuestros pies, empezamos a abrir nuestros brazos para equilibrarnos.
¿Qué es lo que siente el caballo cuando nos montamos?
1º.- El caballo, al marchar sobre cuatro patas, la sensación de caerse –desequilibrio físico- no la tiene.
2º.- Lo que sí siente es un enorme desequilibrio fisiológico –entre otras razones porque su columna vertebral no es una columna (vertical)sino más bien un puente (horizontal)-, lo cual quiere decir que todo su cuerpo se pone a funcionar de una manera totalmente distinta a lo que su naturaleza le tiene habituado y hay que dedicarle un tiempo a su reeducación para que vuelva a moverse correctamente. O sea, de manera confortable y económica; eso sí,  también distinta aunque aparentemente no lo parezca: ahí está el detalle. Para entender el desequilibrio fisiológico o funcional en nosotros, el mejor ejemplo es el de cuando llevamos un peso de diez kilos en una mano. La primera sensación de desequilibrio físico la compensamos inmediatamente para volver a  sentirnos equilibrados, y ello a costa de crearnos un desequilibrio fisiológico enorme: nuestro lado que soporta el peso funcionará totalmente distinto al lado contrario que no tiene nada que aguantar. Buena parte del desarreglo fisiológico lo solucionaremos, si se puede, repartiendo cinco kilos a cada mano. Primer paso resuelto: volver a la simetría de movimientos.
3º.-  Lamentablemente, lo primero que salta a la vista como consecuencia de este desequilibrio fisiológico del caballo es la pérdida del ritmo natural de sus aires, cuando realmente éste es consecuencia de aquél. Lo que toda la vida en España hemos llamado compás –al menos desde el siglo XVI en que quedó definido de manera perfecta  (no mejorada hasta hoy)  por el ilustre sevillano PERO (sic) FERNANDEZ DE ANDRADA- y que ahora se nos impone como ritmo. Pero hay otro detalle tan importante como éste y del que muy poco se habla y menos se escribe. Y es la descoordinación que ocurre (otra pérdida de ritmo) entre el balancín del caballo y sus extremidades; esto también es muy importante para el caballo. Porque su equilibrio depende tanto de su balancín como de la disposición de sus patas, y de la coordinación entre ambos. Y nos ayuda a entender mejor el problema del caballo volviendo a nuestra experiencia como aprendices de patinadores. 





El desequilibrio fisiológico que le ocasionamos con nuestro peso y que está provocado por tres motivos que percibe el caballo: columna vertebral horizontal (luego debiera llamarse más correctamente “puente vertebral”), ausencia de clavículas (con lo cual su torax se hunde entre las espaldas) y distribución desigual de nuestro peso sobre las cuatro extremidades (única causa de la que hablan los  autores clásicos ¡y muchísimos modernos!), hace que pierda el control normal de su equilibrio como consecuencia de la pérdida de ritmo de sus patas, que es lo que vemos. El caballo, al perder el control de sus pies, los cambios de equilibrio los resuelve manejando a su aire su propio balancín, de la misma manera que nosotros, mientras no controlamos nuestros pies patinando, utilizamos nuestros brazos para equilibrarnos.
¿Cuál es la diferencia entre el ser humano y el caballo en esta situación? El hombre está pendiente del control de sus pies –cuestión de tiempo- para, lo antes posible, disponer de sus brazos y poder hacer con ellos otra cosa. Nuestro sentido del futuro nos imprime continuamente objetivos. En cambio el caballo, como su sentido del futuro, no es que sea nulo, sencillamente no lo tiene, puede estar toda la vida cabeceando para parar o, sencillamente, frenar…… si no se le enseña lo correcto, que será lo ergonómico para él, o sea su gesto confortable y económico en cada momento.
Resulta que el caballo en libertad (y sano), para frenar, parar y girar se sirve de una sincronización perfecta entre su balancín y sus pies. Y la secuencia es siempre la misma: cuello cerca de la vertical -o sea, alto- y remetimiento de pies más o menos acentuado. En cambio montado, incluso en competiciones de doma (clásica, no vaquera), a menudo se ve lo contrario, que baja la nuca; en el mejor de los casos aflojando su articulación –la de la nuca- en lugar de la mandíbula. Puede incluso quedar bonito pero no es correcto, al menos fisiológicamente. Como quedan bonitas las vueltas redondas pero que tampoco suelen ser correctas: no hay más que ver cómo pasan las esquinas del cuadrilongo de doma muchos caballos: derrapando. 



         
Conclusión de todo lo expuesto: frenar, parar y girar exige, tanto al ser humano como al caballo, cambiar de equilibrio, o sea, bascular. La diferencia está en que el humano sólo  necesita un gesto –por su eje vertical-, echar su peso atrás (o lo que entendemos como tal), pero el caballo  necesita dos gestos por su condición de cuadrúpedo –su eje es horizontal-: subir el balancín y meter los pies. Desgraciadamente para el caballo, nos preocupamos de los pies y muy poco del balancín. El primero en razonar el  tema, o revelárnoslo con dibujos, cómo no, JEAN LICART. Y la mejor explicación de las transiciones, BERNIE TRAURIG en sus “Prompt transitions” que se puede resumir diciendo: balancín alto e inamovible (sin que pese mínimamente a la mano), para que no le quede más remedio al caballo que meter los pies. 


¿Cómo se hace esto a caballo? Muy sencillo (aparentemente): nuestra pierna que sólo nos aguante (pie debajo del culo), luego ni agarrarse ni empujar con los talones. Muslo y rodilla totalmente pegados (mecánicamente una unión positiva: cuerpo del jinete totalmente unido al caballo, sin el más mínimo deslizamiento sobre la montura). Culo sin hundirse en la montura: y mucho menos, echarlo atrás. Espalda que no cambie la posición (que no vaya para atrás y nunca detrás de la vertical). Sigo pensando que somos una Mochila Inteligente. Cerrar dedos lo justo para que no encoja en absoluto el cuello; ni que pese  mínimamente a la mano, insisto. Codo elástico. Como todo lo bueno a caballo: fácil de decir y muy difícil de hacer por las repeticiones –y reflexiones sobre lo que se hace- que exige. ¿De qué manera hacer más llevadera esta pesada carga? Muy sencillo, tomándole gusto a las repeticiones. Luego es un problema tanto de cabeza como físico. Nos obsesionamos con el final –la perfección- y nos olvidamos del camino y de lo que lo podemos disfrutar, -de la progresión-. Además, la perfección siempre es perfectible, luego siempre hay progresión. (Recomiendo la lectura de la poesía –breve- de CONSTANTINO KAVAFIS sobre la vuelta a Itaca. Tal vez sea una poetización de la advertencia de SAN AGUSTÍN:   “Lo primero en el orden de la intención, es lo último en el orden de la ejecución”. Y para poeta, nuestro ANTONIO MACHADO: “caminante no hay camino,  se hace camino al andar”. Y ya, el colmo, con música de JOAN MANUEL SERRAT. ¿Cuándo valoraremos lo nuestro?)  



Bascular qué poco, creo, se tiene en cuenta en el caballo y a caballo. Con lo que nos lo agradece cuando le enseñamos a recuperar esa cualidad innata. Y lo fácil que nos resulta entonces su manejo. Yo lo comparo con la conducción de un coche: la diferencia que hay entre utilizar continuamente el freno o, en su lugar, el cambio de marcha. La diferencia a caballo sería entre aguantar con las riendas (tirar más o menos) o, en su lugar, cambiarle el equilibrio. El problema, insisto, es que nosotros los humanos utilizamos un solo gesto y el caballo dos… luego en el momento de la ejecución puede haber prioridades y es donde muchísimos autores no se ponen de acuerdo. Pero ¿nos preocupamos de preguntárselo, a nuestra manera, al caballo?  (Al Maestro a quien mejor he visto hacer bascular un caballo a lo largo y ancho de mi vida: a Don JOSÉ JORDÁ)
Yo ya hace muchos años que sigo el consejo de SAN PABLO: “hay que probarlo todo y quedarse con lo mejor” (tal vez sea la razón de mi heterodoxia hípica. Y más. ¡Aunque no siempre se acierte en la elección!). E intento transmitirlo a mis alumnos. ¿Por qué se sigue tan poco? Porque exige bastante más esfuerzo mental que físico. Y éste –el esfuerzo mental- parece estar un poco reñido con la Equitación (o un mucho, según se mire). Con los años he aprendido a simplificar la elección. Ahora digo: haz tal cosa como estás habituado a hacer y toma conciencia de ello. A continuación digo: ahora haz lo mismo de tal otra manera tomando conciencia de ello y repite hasta cinco veces para enterarte (normalmente a la quinta nos enteramos). Finalmente digo: elige la mejor manera para el caballo….. que será también la mejor para nosotros.
Hay otros dos detalles de los que hablaré próximamente:
1º La posición recogida de la cara del caballo, que se consigue, o bien trayéndole hacia atrás o bien  enviando a la mano. Dos maneras totalmente opuestas
2º Sobre las incurvaciones. Lo que para el caballo es doblarle su balancín y sus consecuencias

Paz y espero que le sirva a alguien.



 Relación balancín cuello/cabeza con los miembros del caballo

miércoles, 22 de junio de 2016

ENCAPOTAMIENTO




Siguiendo con el estudio del balancín del caballo y aprovechando la polémica suscitada por el empleo desmesurado de lo que ahora se llama “rollkur” (versión europea) o “hiperflexión” (versión castellana), y que toda la vida se ha llamado “encapotamiento”, quiero dar mi versión de las posibles causas que lo producen y que poco , o nada, se habla de ellas. Pero que existen. Desgraciadamente sólo se habla de las consecuencias. Incluso la FEI ha tomado cartas en el asunto poniendo limitaciones pero no hablando de causas y sus soluciones, lo que demuestra, creo, que el bienestar del caballo para ella, la FEI, son palabras vacías porque ni se plantea qué siente el caballo.
¿Cuáles son esas causas que todo caballista debe tener en cuenta, creo, para poder corregir el problema desde su raíz?
.- Control. Junto con la comunicación, son los pilares sobre los que se asienta  toda relación entre dos organismos vivos, y que en nuestro caso son el  hombre y el caballo. Son condición sine qua non.( Esta es la razón fundamental, aunque no la única, de por qué hay tan pocos mamíferos domesticados. Y desde luego, en cuanto a lo que ha supuesto para la Humanidad, como el caballo, ninguno). Pero hay un control respetuoso y un abuso de control.



   La hiperflexión, o encapotamiento, es una llave de jiu jitsu de un poder increíble. El  caballo, a pesar de todas las irracionalidades (eufemismo de barbaridades) que hemos cometido con él a lo largo de la Historia, ha seguido mostrándonos su buenísima buena voluntad sin dejar de colaborar con el hombre por muy encapotado que lo trabajemos. Seguimos, queramos o no, cometiendo el mismo error que denunció DESMOND MORRIS en el siglo pasado: “Si el perro es el mejor amigo del hombre, al caballo hay que considerarle como el mejor esclavo del hombre” Lo malo es que sigue siéndolo, sobre todo en la disciplina de Doma, porque existe el convencimiento de que todos los trancos deben estar rigurosamente controlados. (En cambio, en la disciplina del salto, los trancos previos al salto son , utilizando la expresión de BAUCHER, “colocar y dejar hacer”, fácil de decir y difícil de hacer. Pero es lo que debe ser). Como también debiera ser el uso racional del control en lugar del abuso del mismo.
 DOMINIQUE OLIVIER dice que “para el jinete, el balancín es incontestablemente la pieza más difícil de controlar y manejar”. Y cita a BAUCHER: “Es evidente que todas las defensas se manifiestan a través del cuello y que su flexibilización y su buena posición, deben ser nuestra primera ocupación”. Más adelante sigue diciendo D. OLIVIER:
“El balancín constituye pues un notable medio de expresión y el caballo se sirve abundamente de él para comunicar. Los movimientos del balancín son numerosos y diversos, y los mensajes que vehiculan son siempre ricos en información. El jinete para quien los movimientos del cuello no significan nada, no comunica con su caballo”, A ello habría que añadir que las manos del hombre normalmente desplaza objetos cuya masa apenas supera el kilo, cuando la masa del balancín del caballo supera con creces los sesenta kilos (25 kilos la cabeza y 40 kilos el cuello, aproximadamente. En torno al diez por ciento del peso del caballo).
La manera más fácil de controlar la situación es, como decía antes, haciéndole una buena llave de jiu jitsu.  O sea, encapotándolo. (Al caballo lo convertimos en esclavo)   

.- La cabeza, una pieza compacta que mide casi medio metro de largo, seamos conscientes o no,   se mueve  en torno a dos ejes de rotación:
La nuca gira en torno a la articulación cérvico torácica, que está más de un palmo por debajo de la cruz y justo delante de los omoplatos. El radio de giro son las siete vértebras cervicales
La boca, situada en el otro extremo de la cabeza del caballo, gira en torno a la mano del jinete que viene a estar colocada aproximadamente un palmo por encima de la cruz. El radio de giro es la rienda.





 
Primera constatación: ambos ejes están invertidos y sus radios cruzados: la nuca, punto más alto de la cabeza del caballo, gira desde el eje inferior –articulación cérvico torácica- y la boca, punto más bajo de la cabeza, gira desde el eje superior, la mano.
Segunda constatación: Un eje es fijo, el inferior  -la articulación cérvico torácica- y el eje superior es móvil, la mano.   
Tercera constatación: Movilidad de ambos radios. Las siete vértebras cervicales que hacen de radio de giro de la nuca, aún siendo el segmento cervical el más móvil de la columna vertebral del caballo, su movimiento de flexión extensión –el que aquí y ahora nos interesa- es siempre el mismo. En cambio, las posibilidades de movimientos del radio rienda son muchísimo mayores. (Siempre y cuando no nos empeñemos en fijar la mano)
La conclusión de esta segunda causa: sólo conociendo lo que realmente hacemos, lo que siente el caballo no lo que nosotros imaginamos, nuestras acciones de manos se irán aproximando cada vez más a lo que deben ser. Me voy a referir sólo a lo que nos muestran las articulaciones del balancín (recuerdo las tres principales: mandíbula, nuca y base del cuello): según cómo las hagamos funcionar, los grupos musculares concernientes, mas fascias, tendones, ligamentos (de los que pocos cambios podemos ver), funcionarán correctamente si manejamos adecuadamente los resortes del balancín.



Ya dije que las vértebras cervicales forman una “S” con ocho articulaciones que le permiten, para el caso que nos ocupa, estirarse o encogerse. Y nuestra referencia es la nuca. Para que ésta baje o avance, la “S” tiende a enderezarse, luego el cuello se estira. ¿Y qué hace la mano que aguanta la parte inferior de la cara? Lo correcto es que la boca del caballo avance también de acuerdo con la nuca, bien adelantando la mano o bien dejando resbalar las riendas entre los dedos. Ver figura III. Pero si esto no lo tiene en cuenta el jinete, la boca se queda a la misma distancia de la mano solo que más baja por el avance de la nuca. Ver figura IV. Conclusión: el balancín deja de funcionar bien y se retuerce para encogerse. Y vemos lo que vemos: encapotamiento. Pero lo peor es lo que siente el caballo: desparece el gesto confortable y económico porque, en absoluto, es ergonómico. Conclusión: el eje móvil que es la mano del jinete debe acomodarse en todo momento a la posición correcta del balancín, cuya referencia más visible es la nuca. Y, como decía más arriba, las articulaciones que está manejando de continuo la mano del jinete son tres fundamentalmente: mandíbula (témporo mandibular), nuca (atlanto occipital) y base del cuello (cérvico torácica). Las otras seis del cuello dependen directamente de estas tres. En el encapotamiento suele verse la flexión excesiva de la C2/C3.

.- papel de la articulación de la nuca: no es que sea la más importante del balancín, sino que además de ser la más visible es de la que se sirve el caballo para protegerse de las agresiones  de las manos del jinete especialmente. D. OLIVIER añade otro dato importante a tener en cuenta: el brazo de palanca existente entre filete y/o bocado y la última articulación de la cabeza del caballo, o sea, la nuca. Como decía antes, buscando el caballo protegerse de una incorrecta acción de la mano, bloquea la mandíbula y afloja la nuca por la mayor potencia –mayor largo- de su brazo de palanca. La consecuencia lógica, y más normal, es el encapotamiento. Y el jinete muchas veces sigue creyendo que está actuando sobre la mandíbula del caballo.
Otra dificultad añadida del manejo de la nuca es cuando la cara se queda por  detrás de la vertical, lo que normalmente llamamos dejarle detrás de la mano (paso previo al encapotamiento): hay que cambiar radicalmente la acción de la mano, abrir el codo y relajar el brazo ( importantísimo habituarse, mejor, educarse a cambiar la tensión del brazo) y dejar que la boca del caballo se ponga por delante de la nuca para que el caballo pueda subir correctamente su cara: Si se quiere desencapotar a base de tirar de las riendas hacia arriba, lo que se hace es encapotarlo más.





El primero en citar –y dibujar- los dos ejes de giro de la cabeza del caballo es JEAN LICART.  Como también fue el primero en dejarnos bien claro el papel de las tres articulaciones  más importantes del balancín: mandíbula, nuca y base del cuello (y unas cuantas cosas más).
Mi sobrino GONZALO PONS se ha encargado –como siempre- de los dibujos para visualizar mejor lo que he escrito
Sobre este tema, y desde otro punto de vista, dos interesantes artículos de LUCY REES publicados en esta misma revista: La hiperflexión y La tensión





Paz y espero que le sirva a alguien  

lunes, 9 de mayo de 2016

8 Claves para la puesta en forma de tu caballo

Artículo escrito por Tomás Mateo Cubero y publicado en la revista Galope núm. 85
© www.tomasmateo.com

Una buena puesta en forma es la premisa básica para la práctica de cualquier deporte. Y eso incluye a deportistas humanos y equinos. Sin un mínimo de fuerza y desarrollo muscular, de resistencia (capacidad pulmonar y cardiovascular), de elasticidad y otros factores complementarios,  es imposible practicar cualquier deporte con garantías. En equitación, la puesta en forma, es curiosamente, la gran olvidada (el trabajo de pista diario nunca es suficiente), cuando debería ser el primer elemento a tener en cuenta, por supuesto en caballos jóvenes, y también en caballos de cualquier disciplina. Practicar exclusivamente los ejercicios de la especialidad a la que se destine el caballo, nunca llevará a un caballo a una puesta en forma óptima.




En cambio, un caballo que cuente con una buena forma física, estará mucho más capacitado para practicar doma, salto o cualquier otra especialidad hípica. Los planteamientos de entrenamiento en los que los caballos de doma solo trabajan doma, los de salto que exclusivamente saltan y los de raid que únicamente salen al campo a correr, no solo están obsoletos, sino que nunca sacarán todo el potencial de ese caballo.


En este artículo, que nos introducirá en las claves de la forma física equina - en la que iremos profundizando en sucesivos artículos – vamos a centrarnos pues, en aquellos aspectos que nos permitan llevar a nuestro caballo a un estado físico mucho más óptimo, de lo cual, indudablemente, nos beneficiaremos nosotros como jinetes y propietarios.


Pero antes de entrar en materia, hemos de tener en cuenta que los factores para que un caballo rinda plenamente, son tanto físicos, como mentales. Mucho ojo, porque la mayoría de personas que quieren “muscular su caballo” (es la expresión que más oigo), suelen olvidar el factor mental equino, que es tan importante como los diferentes factores físicos que intervienen en la ecuación de la puesta en forma. Pongámonos en la piel del caballo e imaginémonos que somos una persona a la que nos tienen encerrado en una habitación diminuta y a solas de la que solo nos sacan para hacer deporte y al terminar nos vuelven a encerrar. ¿Qué persona podría entrenar motivado en tales condiciones de vida? Hagámonos esta pregunta antes de iniciar cualquier programa de entrenamiento con nuestro caballo, ya que de nada servirá el mejor entrenamiento si nuestro caballo no está bien alimentado (y eso no significa que coma mucho pienso), ni tiene una vida equina digna (estar siempre encerrado en un box no es digno ni bueno para un caballo).




FACTORES CLAVE A TENER EN CUENTA PARA UNA CORRECTA PUESTA EN FORMA


Los abordaremos según el orden que creo debe ser el lógico y acertado.


1.         Análisis de sangre.
Este debería ser, el primer paso de todos cuando compramos un caballo. Una analítica nos dará importantes datos sobre el estado real de salud del caballo. Un aspecto exterior sano no es siempre garantía de que por dentro esté todo bien. Veo jinetes que se gastan varios miles de euros en un caballo, pero no emplean unos cuantos euros en hacerle una analítica. Después, es normal que vengan los quebraderos de cabeza porque el caballo no gana músculo o se defiende cuando lleva media hora trabajando y no tiene ninguna lesión. En no pocos casos, la respuesta a estas cuestiones, suelen estar en una analítica.


Si todos los valores están dentro de los parámetros correctos, podremos empezar a trazar un  plan de entrenamiento. En caso contrario, antes de empezar a trabajar en serio el caballo (sacar el caballo del box y moverlo siempre le beneficiará), habrá que ver con un veterinario competente en la materia qué puede estar fallando en caso de que el caballo esté anémico o esté arrojando valores altos en la producción de lactato, etc.


2.         Genética y edad del caballo.
Los planes de entrenamiento deben ser establecidos de acuerdo a la edad y genética del individuo. Hay domadores/preparadores que tienen un mismo programa estándar para todos los caballos que caen bajo sus posaderas. Pero nada más contrario a la lógica equina. Lo primero es tener en cuenta la edad. Ya hay cantidad de estudios sobre la madurez del esqueleto equino, la cual es más tardía de lo que mucha gente cree, y viene a partir de los 6/7 años, siempre y cuando, además, ese caballo haya estado bien alimentado y ejercitado. Sigo viendo caballos menores de tres años en los que ya hay una persona encima, y nada más perjudicial para el dorso, así como para otras partes del cuerpo. Aunque un caballo siempre será mucho más fuerte que nosotros, eso no implica que lo aguanten todo. Por mi parte, y aunque suene exagerado, tengo ya claro que nunca me subiría a un caballo antes de que cumpla los cuatro años. Lo cual no quiere decir que no lo empiece a entrenar y a fortalecer mucho antes, pero pie a tierra.


Con respecto a la genética, nunca será igual el trabajo con un PSI que con un PRE, o el de un Holstein y un Há. Cada caballo, requerirá hacer más hincapié en unas cosas, y ser más laxo en otras. Y dentro de las características de la raza, también hay gran variedad entre individuos, por lo que siempre es necesario ir progresivamente para ir observando las necesidades y fortalezas de cada caballo.




3.         Estado físico actual del caballo e historial pasado.
¿Cómo se encuentra el caballo justo antes de empezar a entrenarlo?  Antes de evaluar cualquier programa de trabajo, es necesario por un lado observar pormenorizadamente su estado (insisto, el aspecto externo puede llevarnos a engaño muchas veces), y tener en cuenta el trabajo que haya desempeñado habitualmente hasta llegar a nosotros, y por supuesto, saber si ha tenido alguna lesión.


Es muy recomendable, antes de montarse en un caballo que recién ha caído en nuestras manos, los trabajemos pie a tierra de distintas maneras durante unos días, lo cual nos permitirá ver de un modo bastante exacto como emplean su cuerpo a los tres aires, en qué momento empiezan a resoplar, si hay algún miembro que no apoyan bien, y sobre todo, le daremos unos días de movimiento libre al dorso hasta que nos subamos encima. En este apartado incluiríamos el buen estado de los cascos del caballo, fundamentales para que se mueva y se ejercite con plenitud, así como un buen estado dental, para que no tenga dolores ni tensiones que se trasladarán a todo el cuerpo.


 4. Objetivo al que queremos llegar.
Poner en forma sin más o muscular un dorso, no son objetivos concretos. El entrenamiento físico, es como planear un viaje: si no nos planteamos un destino, nunca llegaremos a él, sino que iremos dando tumbos. Hemos de preguntarnos: ¿Qué queremos exactamente conseguir con nuestro caballo? ¿Con qué finalidad?


Una vez tengamos claro qué es lo queremos hacer con nuestro caballo, estableceremos el programa más adecuado, y habremos de cumplirlo. Ir a la hípica sin un programa de trabajo definido no nos conducirá a nada. Pensemos una vez más en los atletas humanos: ¿alguien se imagina a un deportista yendo al gimnasio sin tener claro que músculos entrenará, y simplemente diciendo?: “bueno, a ver qué hago hoy…”


5.         Dieta del caballo
Hace ya algunos años, inicié un programa de entrenamiento muy duro para ganar masa muscular. Era un adolescente esmirriado (metro ochenta y 72 kilos) y quería ganar peso para poder tener más físico para los otros deportes que practicaba paralelamente a la Equitación (artes marciales y windsurf). Lo primero que hice, junto con la elaboración del programa de entrenamiento, fue una reestructuración total de mi dieta y estudiar mucho sobre nutrición. Cinco años después, llegué a pesar 91,600 kilos. Era mi tope, me costó horrores llegar de un modo natural, y si quería seguir subiendo de peso, tenía que echar mano de anabolizantes. Eso me ha permitido tener claro que si entreno un caballo, debo proporcionarle una dieta que le ayude a reponer el desgaste ocasionado por el entrenamiento, y que le ayude a desarrollar su musculatura y a fortalecer su cuerpo y su salud en general. Bien, pues aun veo a muchos propietarios de caballos diciendo que van “a muscular” sus caballos pero no varían un ápice su alimentación. Así, es imposible desarrollar el potencial de un atleta.


6.         Ritmo de vida del caballo.
Hay que desconfiar de cualquier entrenador o programa de entrenamiento que solo propone sacar de su box al caballo para ser trabajado. Así, es imposible que rinda bien. El caballo es un ser super-social, y por eso necesita estar en contacto continuo con otros congéneres, salir y moverse varias horas al día y ver cielo y campo, pastar, revolcarse, botarse, etc. Igualmente, después de un día de trabajo, el caballo necesita moverse varias horas/kilómetros para activar su circulación, desechar residuos, etc. No tiene sentido y es peligroso dejar un caballo en un box varios días, pero más aún si ha trabajado duro antes. Tengamos en cuenta que queremos que nuestro caballo sea un deportista motivado, no un prisionero.


7.         Equipamiento
Un equipamiento que sea obsoleto o  inadecuado, no permitirá que el caballo rinda bien. Bocados o filetes no adecuados provocarán una tensión en el caballo que se trasladará a distintas partes del cuerpo equino que a la larga provocan lesiones. Igualmente monturas que impiden el movimiento natural de las espaldas, bastes en mal estado que provocan posturas forzadas del caballo, un protector de dorso que hace más daño que proteger, montura de medidas inadecuadas, o cinchas estrechas y sin elásticos a ambos lados que impiden que el caballo respire adecuadamente y ejercite la musculatura abdominal plenamente. Sin un equipamiento adecuado, el caballo no puede ejercitarse correctamente. ¿Algún alpinista o corredor de fondo entrena con mochilas viejas y que les provocan daño o son incómodas?


8.         Programa de entrenamiento.
Y una vez hemos tenido en cuenta todos los parámetros anteriores, nos pondremos a elaborar el programa de trabajo. En este programa, deberemos incluir trabajo sin el peso del jinete como mínimo dos días en semana. Como he dicho antes, cada vez hay más estudios científicos que demuestran que el dorso del caballo no es un yunque de acero que lo aguanta todo (de hecho ya hay estudios hasta sobre cuánto peso puede soportar un caballo sobre su dorso sin lesionarse), y debemos darle un par de días de trabajo suave pie a tierra para que pueda ejercitarse con su dorso libre (y sin riendas de atar ni artilugios similares).

viernes, 6 de mayo de 2016

LOS RESORTES DEL CUELLO



 “La calidad del cuello del caballo depende esencialmente de la dirección de las vértebras cervicales y de su unión con la cabeza y el tronco”
Las uniones de las que habla son las articulaciones de la nuca y la de la base del cuello (la cérvico-torácica)
Esto lo escribió hace casi siglo y medio GUSTAV STEINBRECHT en su “Gimnasio del caballo”, sin poder aportarnos conocimientos de los que hoy poseemos, pero sí que tenía claro el funcionamiento del balancín.  (La edición francesa, de la que me sirvo, es “Le Gymnase du cheval”  de Editions ELBÉ, traducción del Comandant Edouard DUPONT)) 
No pretendo hacer un análisis exhaustivo del cuello, sino ayudar a tomar conciencia de ciertos aspectos a los que no se les ha dado la importancia que sí tienen y que hoy en día, en pleno siglo XXI, ya conocemos
La “S” del cuello es la característica que más distingue al caballo de los demás mamíferos. Tiene cierto parecido al cuello de un ave por las dos curvas que lo forman.  Y esta especial forma de “S”, implica un funcionamiento también muy especial de las articulaciones del cuello. 



JEAN LICART es el primer autor hípico que se preocupó por conocer el funcionamiento correcto del cuello del caballo. Y, para ello, en lugar de limitarse a juzgar de lo que veía  desde fuera –como se venía haciendo desde BAUCHER a L DE SEVY pasando por STEINBRECHT, LEBON, L’HOTTE  y un corto etc- se dedicó a investigar por dentro para conocer correctamente su  mecanismo. Su primer libro fue “Le Cheval Barbe et son Redressage”, publicado en 1928 y en él dedica casi cincuenta páginas a un estudio detallado de la anatomía y fisiología del cuello del caballo. También, a cómo funciona bajo las órdenes de un jinete. Lo descubrí por casualidad en Fonds. Ancienne. Equestre. Info, (de donde se pueden descargar un montón de libros antiguos franceses). Un libro que debió pasar –y sigue pasando- muy desapercibido porque no he leído ninguna referencia acerca del mismo. Me imagino que la jerarquía militar se debió de encargar especialmente de ello a juzgar por el epílogo del libro. Una pena porque como digo, hace un importante estudio del cuello del caballo al salirse de los criterios que se seguían hasta entonces para explicar la doma del caballo.  Absolutamente todos los autores clásicos de la Equitación nos hablan de lo que ven y sienten, pero ninguno se preocupa de estudiar el funcionamiento interno. De  su segundo libro “Equitation Raisonnée” –de pronta publicación en castellano por LETTERA Editorial- dice PHILIPPE  KARL, uno de los autores actuales de mayor renombre mundial: “para el estudio en profundidad de la anatomía y la locomoción del caballo, sin lugar a dudas,  la obra más recomendable  es la del COMANDANTE LICART “Equitación Razonada”. (En esto, poco caso se le ha hecho a KARL)






Este libro, en el que  se hace un estudio detallado de lo que vemos, de lo que no vemos y de sus por qué –insistiendo en la importancia del cuello en la práctica de la Equitación- hace posible para el común de los mortales la recomendación de BAUCHER: “Comencemos pues  su educación (la del caballo) por el acondicionamiento y flexibilidad del cuello, y pronto seremos dueños de las otras partes del cuerpo”. Gracias a LICART sabemos muchísimo más del caballo. Y saber es poder.
Entre la boca del caballo y la mano del jinete está el balancín con las nueve articulaciones que lo forman y que constituyen los resortes que estamos continuamente manejando. LICART  nos habla de tres articulaciones fundamentales: la de la mandíbula    (témporo-mandibular) , la de la nuca (atlanto-occipital) y la de la base del cuello (cérvico-torácica). Las otras seis (las que corresponden de la C1 a la C7) lo son en función de las tres principales. Ver primera figura
En el excelente libro “Conditioning Sport Horses”, la Doctora Hilary M CLAYTON  ( publicado en Sport Horses Publications) nos muestra un cuadro –que adjunto- sobre los movimientos de las articulaciones intervertebrales y que ratifica lo que, más de medio siglo antes, trataba de explicarnos LICART. A falta, lógicamente, del rango de  movimiento de la articulación témporo-mandibular, o sea, de la mandíbula, porque no es una articulación intervertebral; pero sí interesa conocerla por su gran importancia: es uno de los tres resortes importantes del balancín; también conviene recordar que está  muy pocos centímetros por debajo de la articulación de la nuca (y su ángulo máximo de apertura dudo que supere los 15/20 grados). 




Yo creo que este cuadro hay que tenerlo bien presente en nuestra mente a la hora de montar  porque nos ayuda a saber lo que hacemos sobre el balancín del caballo en todo momento. Lógicamente, al principio no nos enteramos de nada. Pero muy poco a poco vamos tomando conciencia de lo que hacemos sobre cada articulación, especialmente sobre las tres más importantes. Y finalmente, al cabo de bastante tiempo, nos diremos: ¡qué fácil es esto! 
Primera constatación: en “flexión y extensión” se ve la gran diferencia de amplitud de movimiento de la nuca respecto de las otras articulaciones: más del doble.
Segunda constatación: las últimas vertebras cervicales también tienen mucha movilidad tanto en flexión y extensión como lateralmente (aunque yo voy a hablar sólo de la flexión y extensión)
Tercera constatación: ¿sabemos dónde están las últimas vértebras cervicales? O, lo que es lo mismo, ¿la articulación cérvico-torácica?   Resulta que esta articulación no la vemos ni la sentimos porque no la podemos tocar; ni ver, claro: está tan hundida entre los omoplatos –espaldas- del caballo, que es muy difícil determinar su situación exacta…… pero que no para de funcionar –seamos conscientes  o no de su existencia-, de eso no cabe la menor duda. Quiere decirse que es tan importante como las otras articulaciones que sí vemos: mandíbula, nuca, incluso la C2/C3, que es por donde se “rompe” el cuello en la hiperflexión. ¿Y por qué está tan hundida la articulación cérvico-torácica? Porque a partir de la primera torácica –la T1-, cada vértebra tiene un huesecito superior –una apófisis- que se va alargando en cada vértebra y que son, finalmente, los que forman la cruz. Aproximadamente de la T4 a la T9, son los huesos  que tocamos de la cruz. Y si no fuera por ellos, difícilmente podríamos montar a caballo. La cruz, entre otras cosas, es la que estabiliza la montura.




La articulación cérvico-torácica ha sido la gran ignorada a lo largo de la Historia y conviene recordarlo.
El  tiro de los carros de la época greco-romana acabó siendo de  cuatro caballos –la famosa cuadriga-  porque por entonces el caballo tiraba de un collar –no era un tiro racional como el de ahora, con el collerón y similares- el cual le hacía invertir el cuello y, al tirar de la tráquea, se asfixiaba. Como la única preocupación era evitar  la asfixia,  resolvieron el problema aumentando el número de caballos, llegando a los cuatro. Pero a la inversión del cuello no le echaron cuenta. Como tampoco se le tuvo en consideración cuando se empezó a montarlo. Esta ignorancia justifica las embocaduras que se utilizaban entonces –verdaderos instrumentos de tortura- porque el caballo se partía por la base del cuello y, en esa posición, resultaba difícil de controlar. En los frisos del Partenón se ven a los caballos con el cuello invertido, incluso las arrugas de la base del cuello. Y FIDIAS podía ser tan preciso esculpiendo como un fotógrafo moderno.





Los datos que he ido aportando ¿qué nos suponen en nuestro día a día a caballo? De momento aclararnos ideas para saber mejor a qué atenernos.
.La nuca nos parece la articulación más importante del balancín por ser la de mayor amplitud de movimiento y, tal vez por ello, es con la que se protege el caballo de las acciones incorrectas del jinete. Montados, hay que tener muy presente que el hecho de no tener voluntad de hacer mal las cosas, no quiere decir que no se hagan. Y para que funcionen correctamente los resortes del balancín del caballo, primero hay que conocerlos. También STEINBRECHT dijo: “Generalmente las mayores faltas se cometen en la manera de trabajar el cuello del caballo”.  Cuando a un caballo lo que se le pide no corresponde a un gesto confortable y económico, él se protege a través, o desde, la nuca por ser la articulación de mayor amplitud de movimiento. Es lo que vemos a diario con la tan manida hiperflexión o rollkur: la sensación de control es enorme –menuda llave de jiujitsu se le aplica al pobre caballo- pero el que lo sufre es el propio animal ya que sus gestos dejan de ser confortables y en absoluto económicos, porque la ergonomía desaparece. Le queda el protegerse de esta masacre a través de su nuca.
¿Cómo se corrige este desaguisado? En primer lugar tomando conciencia de las tres articulaciones que estamos manejando continuamente. La intuición, propia de algunos jinetes privilegiados, hay algunos momentos en que falla. Cuando falla la intuición, la ciencia ayuda a buscar la mejor solución y salir del atasco.
Dice LICART sobre los resortes del cuello en su libro “Dressage”:
“Es la palanca articulada y elástica del cuello la que permite al caballista controlar las fuerzas del caballo y su masa entera por medio de acciones mínimas”  (que nadie lo vea pero que el caballo lo sienta). “Pero esto sólo es posible cuando todos los resortes están convenientemente dispuestos y elásticos” “Los resortes de la máquina animal son como todos los resortes: sólo se les debe comprimir para dejarles explotar luego. Demasiado comprimidos o demasiado tiempo en compresión, le harán perder su cualidad de resorte, su elasticidad”  
Seguiré el análisis del cuello
Paz y espero que le sirva a alguien